Si estás leyendo esto, probablemente hayas empezado (y dejado) varias dietas a lo largo de tu vida. Dietas bajas en grasas, bajas en hidratos y en calorías. Dieta de la alcachofa. Dieta depurativa. ¿O quizás eres más de la Dukan? Seas de la religión que seas, lo cierto es que la gran mayoría de las personas fracasan al hacer dieta. Y me refiero a la friolera del 81% en el caso de España (el Mundo). Hambre a todas horas, antojos de “cosas ricas”, estancamiento de peso, pérdida de motivación, abandono y, finalmente, subida de peso con varios kilos extra. Está claro que algo falla, y NO es tu fuerza de voluntad. ¿Cuál es el problema? Bueno, podría enumerarte mil razones por las que una dieta no funciona. Pero todas ellas se pueden resumir en dos pilares fundamentales. Dos requisitos necesarios para que logres resultados, de forma estable y con salud.

 

Requisito 1: Motivación


La motivación es la fuerza que va a tirar de tí durante todo el proceso. Es necesaria no solo al empezar sino durante todo el camino, en especial cuando surgen imprevistos o sientes que te falta esa “fuerza de voluntad”. Pero esta motivación no es algo que surja sin más, ni algo que puedas decidir tener voluntariamente. Por suerte para ti, la motivación depende de una serie de factores muy fáciles de conseguir:

 

Paso 1 – Que valores tu conducta como perjudicial

Este es sin duda el primer paso para el cambio. Si no consideras que tu alimentación actual es perjudicial para tu salud, difícilmente vas a decidir cambiarla. ¿Qué se necesita para ello? Fácil: información adecuada sobre las consecuencias de tu conducta. Si la información no es suficiente o es poco detallada, lo más probable es que caigas en lo que en psicología se denomina ilusión de invulnerabilidad: “fulanito come lo que quiere y está sanísimo con 80 años, por lo tanto a mí no tiene por qué pasarme nada”. Saca tu información de estudios científicos reales, donde se estudian miles de personas con un método científico fiable; y no de casos aislados o de la sabiduría popular.

 

Paso 2 – Que quieras modificar dicha conducta

Es posible que tengas toda la información adecuada y que tengas claro que tu conducta no es la mejor para tu salud, y que aun así no quieras cambiar tu estilo de vida. Si, ya imagino que si estás leyendo esto, tienes estos dos primeros pasos más que superados. ¿O no? Normalmente, la gente suele tener unas expectativas distorsionadas sobre cómo será tu vida durante y después del cambio. Si sueles decirte cosas como “prefiero disfrutar de la vida comiendo lo que me da la gana”; o “hacer dieta es pasar hambre”, estás en esta fase. Y esto viene con varios errores de pensamiento implícitos:

 

  • Crees que ahora mismo estás bien de salud y que comer lo que te da la gana es vivir la vida.

Realidad: no estás todo lo bien que deberías estar. Puede que aún no tengas una enfermedad terminal, pero tienes achaques que no te dejan disfrutar de la vida como te gustaría. Vives cansado, no tienes fuerza, te duelen las rodillas, tienes ansiedad, problemas gastrointestinales, no puedes correr más de dos minutos, no puedes estar varias horas sin el mono de comer algo “rico”. ¿A eso le llamas vivir la vida?

  • Crees que tener una alimentación sana es algo restrictivo que te va a privar del placer de comer cosas ricas.

Realidad: estar sano es un placer. Cualquier conducta se mantiene porque de alguna forma es reforzante para la persona, ya sea ver la tele, fumar, comer un determinado alimento o hacer deporte. Es MUY IMPORTANTE tener en cuenta que a un deportista o una persona que se alimente bien de forma habitual, NO LE CUESTA hacerlo. No es un suplicio diario sino un placer.

Piénsalo, sería imposible realizar cada día un comportamiento que aborreces sin ningún tipo de recompensa. Debes entender que estar sano se nota, y es una muy buena recompensa que hará que te enganches a tu nuevo estilo de vida. Al final no sólo no te costará, sino que te gustará comer bien y no querrás otra cosa.

Por supuesto, esto no se consigue en dos días. Tienes que darle un tiempo, unas semanas, cumpliendo tu plan al 100%, para que tu cerebro reaprenda. Evita el error de hacer la dieta del bikini durante 2 semanas, o de esperar con ansia los días de “comida libre” para inflarte a porquerías. Esa no es la actitud. La actitud es cambiar tu estilo de vida y sentirte cómodo y a gusto con ese nuevo estilo de vida.

3 – Que te veas capaz de cambiar esa conducta

Vale, ya sabes que tu conducta es perjudicial y ya has decidido que quieres cambiarla. ¿Cómo vas a hacerlo? ¿No tienes esa famosa fuerza de voluntad? Este es sin duda el punto crítico que hace que la mayoría de dietas fracasen (aunque no el único, como veremos). Repite conmigo: la fuerza de voluntad no existe. La fuerza de voluntad NO existe. Dime, ¿lucharías contra un dragón con tu fuerza de voluntad? ¿Sin armadura ni espada? ¿Sin una estrategia? Un cambio de conducta necesita de estrategia y herramientas. La elección de objetivos, la elaboración de un plan donde aparezcan los posibles problemas imprevistos y cómo solucionarlos, el conocimiento de estrategias psicológicas de modificación de la conducta… son cosas mucho más reales que la fuerza de voluntad y que SÍ están en tus manos. Tener una estrategia aumentará tu percepción de autocontrol, y verás que no es tan difícil derrotar a ese dragón ????. En definitiva, necesitas información de calidad y una buena estrategia de ataque para que tu motivación se dispare por sí sola. Esta fase suele superarse con técnicas muy sencillas como el balance de costes/beneficios, el establecimiento de objetivos y el conocimiento de estrategias de modificación de la conducta. Por si te interesa, al final del post te dejo un PDF con plantillas para que descargues y te motives a tope! :D.

 

Requisito 2: Información adecuada


Vale Irene, estoy super-motivado, cumplo con mi estrategia al 100% y, aun así, mi dieta no funciona. Es posible que fracases estrepitosamente porque símplemente tu alimentación NO es adecuada. Aquí es donde entra la falta de conocimientos sobre nutrición. Sin una alimentación adecuada, tu cuerpo no responderá como debe. Tus reservas de glucógeno y de otros nutrientes caerán, no tendrás energía, tu cuerpo entrará en estado de alerta, bajará tu metabolismo y te aferrarás a esa grasa como nunca se ha visto. No verás resultados, o adelgazarás al principio y te acabarás estancando. Te morirás de ganas por un buen atracón de comida, seguir pasando hambre será un suplicio para ti, y volverás a tus antiguos hábitos con la autoestima por los suelos y varios kilos extra. Por suerte, no hace falta estudiar un máster en nutrición para aprender lo básico. Sólo necesitas dos cosas: un poco de interés y mucho escepticismo! Si te interesa el tema, aquí tienes una entrada que te resume los errores más comunes de la sabiduría popular. Pero voy a ponerte la principal conclusión:

Una dieta baja en grasas, baja en calorías, y llena de tortitas de maíz, yogures 0% y lonchas de pavo, es de todo menos sano.

 

Por supuesto que es mejor que atiborrarse a kebabs y hamburguesas, pero es que cualquier cosa es mejor que eso. Si te sientes identificado, no te preocupes porque el libro de abajo también va dedicado a ti :D. Si te interesa, sólo tienes que introducir tu email y podrás descargarlo. No me enrollo más. ¡Gracias por leer!

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5 Comentarios

  1. Lo veo muy interesante

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    • Muchas gracias Gladys!

      Responder
  2. Me parece muy interesante, y talvez esto sea lo que me hace falta, para poder continuar con mi objetivo.

    Responder
    • Gracias Sonia! Espero que te sirva y que logres tus objetivos 🙂

      Responder
  3. Interesante información, muchas gracias

    Responder

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