9 Mitos sobre la seguridad de las vacunas Covid-19 

 agosto 6, 2021

By  Irene

Vamos hoy con la última entrada de la serie Vacunas: ¿Sí o No? donde explicaremos 9 mitos sobre la seguridad de las vacunas. Si no has leído los capítulos anteriores, te recomiendo que lo hagas; hay conceptos que menciono en esta entrada que asumo que ya se conocen. Para entender la explicación de algunos de estos mitos es necesario saber cómo funcionan las vacunas y el sistema inmune.

Ahora sí, si ya eres todo un experto en inmunidad, pasemos a lo divertido:

 

# Mito 1 – Las vacunas no son seguras

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDCs) monitorean constantemente los efectos secundarios de las vacunas desde el inicio de los ensayos clínicos. Repasemos los datos OBJETIVOS (ref, ref) e imaginemos que estamos leyendo un prospecto como el de cualquier otro medicamento:

Efectos comunes (de 1/10  a  1/100 casos)

Como puedes ver en estas gráficas tan guais (que he robado de businessinsider, jeje), un porcentaje muy alto de la población sufre inflamación y dolor en el lugar del pinchazo, dolor de cabeza o incluso algunos síntomas sistémicos como fiebre y cansancio.

Efectos poco comunes (de 1/100  a  1/1000 casos)

Inflamación de los ganglios linfáticos
Malestar
Dolor fuerte en el brazo
Insomnio
Picazón o reacción alérgica en la zona del pinchazo
Reacciones alérgicas en la región de la cara

Efectos raros (de 1/1000  a  1/10.000 casos)

Parálisis de Bell (parálisis facial temporal) – 1/10.000 casos

Efectos extremadamente raros (de 1/10.000  a  1/100.000)

Coágulos
Número bajo de plaquetas (reversible y sin síntomas)

Efectos todavía mucho más raros (de 1/100.000  a  1/millón)
  • Anafilaxis
    Moderna: 2.5 casos/millón
    Pfizer- BioNTech: 4.7 casos/millón

    Se trata de una reacción alérgica severa que ocurre justo después de administrar la vacuna. Por eso te piden quedarte unos 15-30 minutos en observación, para tratarte inmediatamente en caso de que esto ocurra. La anafilaxis no suele ser mortal con tratamiento.

    La gran mayoría de estas personas tienen un historial de alergias previo y hasta el 31% ya había tenido otros episodios antes de la vacuna (Bluementhal, 2021). Si has experimentado alguna reacción alérgica, incluida anafilaxia, tras recibir la primera dosis de la vacuna, los CDC recomiendan que no se aplique la segunda dosis.
  • Trombosis (síndrome de trombocitopenia)
    AstraZeneca: 1 caso/250.000 en mujeres de 18-49 años
    J&J/Janssen: 7 casos/millón en mujeres de 18-49 años
    No se han observado en las vacunas de mRNA (Moderna y Pfizer-BioNTech)

    En este síndrome el sistema inmune ataca a las plaquetas y puede provocar una trombosis. Es muy similar a la trombocitopenia inducida por la heparina (aunque con la heparina la incidencia es de entre 0.1-5%!!! (Hogan & Berger, 2021) ).
  • Miocarditis y pericarditis (ref)
    Moderna: 0.5/millon
    Pfizer-BioNTech: 0.5/millon

    Consisten en la inflamación del corazón y ocurre principalmente en jóvenes entre 16-30 años, más común tras varios días después de la administración de la segunda dosis. Esta condición tiene tratamiento y los pacientes pueden volver a hacer vida normal en pocos días. No está clara su relación con las vacunas pero está siendo monitorizado.
  • Síndrome de Guillain-Barré (ref)
    J&J/Janssen: 10 casos/millón

    Se trata de una enfermedad autoinmune en la que se produce un daño de las células nerviosas, causando debilidad muscular pudiendo llegar a parálisis. Existe tratamiento aunque puede quedar daño permanente del nervio. No está del todo clara la relación de este síndrome con la vacuna de J&J pero está siendo evaluado. 

 

Como ves, los efectos secundarios graves son todos extremadamente raros. Si te parecen demasiados, te recomiendo leer los prospectos del ibuprofeno, los anticonceptivos o cualquier otra pastilla de uso cotidiano.

# Mito 2 – No compensa el riesgo/beneficio

Como hemos visto en el apartado anterior, los efectos secundarios graves de las vacunas son extremadamente raros. No obstante, la incidencia no es la misma para toda la población: los jóvenes son más propensos a sufrir estos efectos en comparación con las personas más mayores. Además, una persona joven y sin patologías tiene un riesgo de hospitalización por Covid-19 mucho menor que una persona mayor.

Está claro entonces que a los mayores de 30 les compensa en gran medida recibir la vacuna. Pero, ¿y a los jóvenes? ¿Hay más riesgos que beneficios?

La realidad es que los riesgos de contraer el Covid-19 y sufrir efectos adversos siguen siendo mucho mayores que los posibles riesgos de la vacuna, al menos en personas de 18 a 30 años (CDC): 

 
coronavirus riesgos beneficios vacunas

Podríamos añadir el riesgo de trombosis, anafilaxis y síndrome de Guillain-Barré en la gráfica, y nos quedaría muy similar.

Si también tenemos en cuenta las posibles secuelas tras haber superado la infección (el “síndrome post-covid”), vemos que el beneficio de vacunarse supera con creces el riesgo. Por cierto, estas secuelas también las sufren jóvenes atletas (ref, ref).

 

# Mito 3 – No conocemos sus efectos a largo plazo

La vacuna no se queda en tu cuerpo. No es un tratamiento crónico ni contiene ninguna sustancia que permanezca en el cuerpo a largo plazo. La vacuna se administra en una o dos dosis aisladas, molesta un poco al sistema inmune y luego se elimina.

  • El ARN tiene una vida media de unos pocos minutos: las células lo rompen rápidamente en pedacitos irreconocibles. De hecho, es tan frágil que es la razón por la que estas vacunas tienen que guardarse a temperaturas tan bajas.
  • Las proteínas de la espícula generadas por la vacuna duran unas semanas. El sistema inmune las reconoce como proteínas ajenas, las ataca y las destruye. Lo único que queda es el recuerdo.
  • El resto de “ingredientes” también son eliminados:
    • Las nanopartículas en las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna no son más que lípidos envolviendo el ARN, en una solución de agua, sales y azúcares.
    • En las vacunas de J&J y AstraZeneca, en lugar de nanopartículas se usa la cubierta de un adenovirus como vector de transporte para el ARN (para saber más sobre cómo funcionan puedes ver este enlace). Estas partículas son eliminadas al entrar en las células.

No existe ni una sola vacuna, ni ningún medicamento que se administre en una sola dosis que tenga efectos secundarios a largo plazo (más de 2-3 años).

Los únicos efectos a medio plazo (unas pocas semanas) que podrían darse en las vacunas son aquellos relacionados con la autoinmunidad (como la trombocitopenia), inflamación, alergias o la ADE (Antibody-dependent Enhancement, condición en la que los anticuerpos para el Covid-19 empeoran la enfermedad en lugar de prevenirla). Por esta razón, la FDA requirió que cada una de las vacunas para el Covid-19 autorizadas se estudiaran durante al menos dos meses tras la segunda dosis.

Los CDC están continuamente monitoreando la seguridad de las vacunas desde el inicio de los ensayos clínicos hace más de un año. Millones de personas han recibido sus vacunas y no hay ni rastro de ADE ni de otros efectos secundarios autoinmunes más allá de los ya citados en el apartado anterior.

 

# Mito 4 – Causan infertilidad

Este es el bulo del año. Empezó a gestarse en varios grupos de Facebook donde se compartían experiencias sobre los efectos secundarios de las vacunas, y muchas mujeres reportaban tener retraso/adelanto en los periodos, mayor sangrado o síntomas pre-menstruales más fuertes (artículo). Si a esto le sumas una influencer (ejem, Naomi Wolf) twiteando que las vacunas causan infertilidad y abortos (sin aportar referencia alguna), tienes todos los ingredientes para una fake news.

Una vez cocinada y servida, la noticia va pasando de influencer en influencer y va adquiriendo nuevos matices, como que los anticuerpos de la vacuna confunden a la espícula S con la proteina placentaria sincitina-1 afectando al embarazo.

Aquí se están mezclando dos realidades: 1) los efectos de la vacuna en el ciclo menstrual (que pueden ser muy reales, aunque transitorios); y 2) el supuesto efecto autoinmune crónico hacia la proteína sincitina-1 causando infertilidad.

  • Realidad 1 – Cómo no, en los ensayos clínicos nunca se preguntó a las mujeres sobre sus ciclos menstruales (hola, patriarcado), y se perdió una oportunidad muy valiosa para estudiar este posible efecto en la salud menstrual de forma controlada. Aun así, aunque sea difícil probar causalidad, sí que parece que se da dicha relación de forma transitoria (artículo).
  • Realidad 2 – La proteína de la espícula del SARS-CoV-2 no es para nada similar a la sincitina-1. De hecho, solo comparten cuatro aminoacidos, lo cual es ridículo (la sincitina-1 tiene 538 aminoácidos!!). Además, a estas alturas no se ha visto absolutamente ninguna relación  (ref, ref) entre las vacunas y la infertilidad de hombres o mujeres, y estudios de laboratorio muestran que los anticuerpos de la espícula S NO reaccionan ante la sincitina-1 (Mattar et al., 2021).
 

# Mito 5 – Modifican tu ADN

Este es otro mito que se escucha demasiado a menudo. Repasemos el funcionamiento de las vacunas:

  • Vacunas de ARNm (Pfizer-BioNTech y Moderna): recordatorio de biología de primero: el ADN contiene toda la información de un organismo y se empaqueta en el núcleo (bueno… las bacterias no tienen núcleo); los genes que están activos en un momento dado se traducen a trocitos de ARN mensajero (ARNm), que viajan del núcleo al citoplasma; allí, la maquinaria celular “lee” estos trozos de ARNm y construye proteínas dependiendo de las instrucciones. Las vacunas de ARNm tienen eso: un trozo de ARN mensajero con las instrucciones para fabricar la proteína de la espícula S. Después de fabricar las proteínas, el ARNm se acaba destruyendo. NO interacciona con tu ADN de ninguna forma, ¡ni siquiera entra en el núcleo!
  • Vacunas de vectores virales (J&J y AstraZeneca): contienen un trozo de ADN (oh my God!) metido en la cubierta de un adenovirus al que se le ha extraído su propio ADN. O sea, es un trozo del ADN de la espícula disfrazado de adenovirus. A esto se le llama vector, y no tiene la capacidad de infectar ni de replicarse: ¡sólo es la cubierta! Esta cubierta se destruye nada más entrar en las células. Una vez dentro, el trozo de ADN NO se mezcla con el ADN de la célula, sino que se transcribirá en ARNm y después en proteínas (la espícula, de nuevo). El trozo de ADN acabará destruyéndose también.

 

#Mito 6 – La tecnología es demasiado nueva para saber sus efectos

Esto no es del todo cierto. Las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna son las primeras vacunas de ARNm que han superado los ensayos clínicos, pero su tecnología no es nueva.

Las vacunas de ARNm llevaban más de 30 años en investigación. Los beneficios de esta tecnología estaban claros: una mayor precisión a la hora de escoger el antígeno ya que podemos fabricar la secuencia de ARN deseada; rapidez y menos costes de producción; y la inducción de inmunidad humoral + celular. Los problemas: 1) cómo entregar el ARN a las células evadiendo el sistema inmune, y 2) la necesidad de mantener las vacunas a temperaturas demasiado bajas.

La enorme inversión y el interés global por desarrollar una vacuna contra el Covid-19 hizo posible que se solventaran estos problemas rápidamente. Y esto me lleva al siguiente mito…

 

# Mito 7 – Las vacunas se han desarrollado demasiado rápido

Totalmente. Mientras que las vacunas tradicionales tardaban hasta 10 años en desarrollarse, las del Covid-19 lo hicieron en unos pocos meses. Pero han sido varias razones las que han permitido esta tremenda reducción de plazos y ninguna de ellas compromete la seguridad de las vacunas. Muy resumidamente:

  1. La tecnología y la investigación básica ya estaba desarrollada. Los científicos llevaban estudiando a la familia del coronavirus más de 50 años y sabían que debían apuntar a la proteína de la espícula S para fabricar las vacunas. Del mismo modo, las vacunas de ARNm estaban a puntito de caramelo.
  2. Dinero infinito: la inversión ha sido brutal gracias a la situación de emergencia y al interés global por conseguir una vacuna.
  3. Fabricación de las vacunas antes de comercializarlas: normalmente se espera a superar la fase 3, pero en este caso las empresas comenzaron a fabricar sus vacunas antes de haberse aprovado para tenerlas listas.
  4. Solapamiento de las fases: en respuesta a esta situación de urgencia, las fases de los ensayos clínicos se pueden solapar para acortar los plazos. No se está saltando ninguna fase ni recortando sus tiempos sino que se realizan a la vez, como fabricar las dosis antes de tener el aprobado, o empezar la fase 2 antes de terminar la 1. 
  5. Una gran participación de voluntarios: la gente se apuntó a los ensayos clínicos muy rápidamente gracias a la gran difusión e interés global por el Covid-19.
  6. La FDA trabaja día y noche: las vacunas tienen que estar aprobadas por la FDA para comercializarse, un proceso que normalmente lleva varios meses. En este caso, se acortaron los plazos de revisión gracias a la organización de varios equipos trabajando en paralelo 24/7.
Desarrollo de las vacunas del covid

# Mito 8 – Favorece el desarrollo de cepas más letales

Imaginemos una casa llena de mosquitos: grandes, pequeños, curiosos, perezosos, rápidos, lentos, etc. Los mosquitos se alimentan de sangre humana (condenados mosquitos), pero para eso tienen que ser muy cuidadosos, ya que si se posan en las paredes de la casa los humanos los matarán rápidamente. Así, los mosquitos más lentos y débiles terminan siendo aplastados contra la pared, mientras que los mosquitos más fit sobreviven porque pueden volar durante más tiempo y picar a los malvados humanos.

A esto se le llama presión selectiva. Los mosquitos evolucionan: las nuevas generaciones podrán volar cada vez más tiempo y llegará un momento en que ni siquiera necesiten posarse en la pared.

Del mismo modo, vacunarse ejerce una presión selectiva en el Covid-19: es posible que surja una variante del virus capaz de evadir la inmunidad de los vacunados, esto le conferirá una ventaja evolutiva ya que será capaz de infectar a la gran mayoría de la población sin competencia ninguna. Se convertirá en la variante más común.

Esto es un escenario totalmente plausible: las vacunas SÍ que ejercen esa presión selectiva. Pero esto NO es razón para no vacunar, por varias razones:

  • Cualquier población sujeta a una presión ambiental tiene dos opciones: o se adapta o muere. Si el peligro es gradual y no es lo suficientemente letal, esto permite que la especie se adapte al cambio y sobreviva (evoluciona). En cambio, si la presión es lo suficientemente fuerte, la especie no tiene tiempo para adaptarse. En definitiva, cuanto más rápido vacunemos a toda la población, menos probabilidades tendremos de que surjan más variantes peligrosas. Los virus se pueden erradicar, como cualquier otro ser vivo.
  • Los virus mutan cuando se replican; es decir, cuanta más gente se infecte, mayor será la probabilidad de que surjan variantes. Si no vacunamos, las variantes seguirán apareciendo todo el rato.
  • Si no vacunamos, la gente se inmunizará igualmente de forma natural tras pasar la enfermedad. Esto también ejercerá una presión selectiva de la misma forma que las vacunas, solo que a un ritmo mucho más lento y mucho más fácil para el virus de adaptarse. Quizás por esto estuvimos durante SIGLOS con la viruela circulando por todo el mundo, entre otras pandemias, hasta que conseguimos erradicarla con la vacunación.

 

# Mito 9 – No son la solución

A ver… repito: la viruela la erradicamos con la vacunación, no con dieta y deporte.

Estoy de acuerdo, sin embargo, en que no son LA ÚNICA solución, sino parte de ella. Deberíamos poner mucho más empeño en divulgar sobre el tremendo impacto que tiene el estilo de vida en nuestra salud. Podemos hacerlo. Se dedican cientos de horas en TV a contar el número de muertos y de infectados por Covid-19, a repetir las medidas de precaución hasta la saciedad (lavar las manos, ponerse la mascarilla…). Datos y más datos inútiles y repetitivos que no aportan nada nuevo. Y, sin embargo, la mayoría de la gente desconoce que la obesidad es un factor de riesgo de hospitalización por Covid-19; o que la exposición al sol/suplementación con vitamina D mejoran el pronóstico de la enfermedad; o que el % de masa muscular tiene un efecto protector muy importante, etc.

Si bombardeasen en TV con estos mensajes de la misma forma que se hace con las vacunas también se salvarían vidas. Si se quiere, se puede.

Por supuesto que es importante divulgar sobre la importancia del estilo de vida. Pero no nos engañemos: una salud de hierro no nos hace inmortales. Concienciar sobre el estilo de vida no es incompatible con concienciar sobre la importancia de las vacunas. Ambas son fundamentales.

Así que, si no lo has hecho ya… ¡apúntate al gimnasio!

¡Ah!, y vacúnate 😉

 

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